Black Sails. Una de piratas sin pena ni gloria

Reseña del piloto de la nueva serie de Starz.

La serie Black Sails nos sitúa veinte años antes de los acontecimientos narrados en el libro de Robert Louis Stevenson ‘La isla del tesoro’, cuando John Silver “el Largo” es un joven marinero. El canal Starz quiere repetir la suerte que tuvo con Spartacus, pero el piloto pasa sin pena ni gloria. Eso sí: sin faltar a las dosis de sexo y sangre que parece utilizarse como reclamo de audiencia.

Black Sails. La serie de piratas de Starz.

Black Sails. La serie de piratas de Starz.

El piloto se ve sin más. Hay producción, hay medios, hay elenco de actores decente… pero no consigue enganchar. Tampoco echa para atrás, por lo que le daré algunos episodios más, a ver por dónde nos llevan las velas negras.

Siguiendo la estela de Spartacus.

Estamos en el mar Caribe, en 1715, la edad dorada de los piratas. Denominando a cada episodio con un ordinal romano, el episodio I nos presenta a John Silver (Luke Arnold) en una de sus facetas más características: un superviviente nato que huele el peligro, haciendo lo que sea para salvar el pellejo. Aunque eso implique esconderse en las bodegas de un galeón asaltado por el temible capitán Flint (Toby Stephens).

El productor ejecutivo Michael Bay está detrás de películas pretenciosas, efectistas y taquilleras como Transformers (2007) y Pearl Harbor (2001), lo cual dice muy poco de él, pero mucho de lo que podemos esperar de esta serie.

Black Sails. Una de piratas.

Black Sails. Una de piratas.

En el piloto tocan todos los palos del género de piratas. Tenemos combate naval a cañonazos, tenemos asalto pirata, tenemos combates con mosquetes y sables, tenemos tabernas donde se bebe ron (sin marineros cantando), tenemos tetas, sexo (sin ser demasiado explícito), traiciones y sangre. No llegamos al nivel de porno y gore de Spartacus, pero parece que todo apunta a que ése es el objetivo.

De haber sido producida por History Channel hubiéramos disfrutado de un mejor criterio histórico en la escenografía y en la puesta en escena, como ocurrió con Vikingos. Pero, a pesar de que no cantan demasiado los efectos digitales, de atrezzo o vestuario, sí que se aprecian demasiadas pifias visuales históricas. Hay piratas que parecen haberse esculpido sobre un yunque en una forja a martillazos, demasiado estereotipados; hay una ¿mujer pirata? (Clara Paget) que parece más propia de una película porno de los años noventa. Y la taberna, demasiado pulcra, está regentada por otra mujer (Hannah New), que no pega mucho con la época.

Llama la atención que el elenco de actores es desconocido, pero decente. Y es fácil reconocer a los personajes importantes del resto porque los guapos están aseados y decentes y los feos son muy feos, con cicatrices, dientes rotos y ropajes repulsivos.

El drama y la historia vistos en el primer episodio no enganchan. Tampoco aburren, pero se queda todo en un mediocre punto intermedio sin espectáculo ni sofisticación. Tenemos ambientación de época, luchas, sangre y sexo, como en Vikingos, Spartacus y Juego de Tronos. PERO… en Vikingos hay personajes e historia que enganchan, en Spartacus hay confabulaciones y conspiraciones, en Juego de Tronos hay todo eso y mucho más. Y nos quedamos con las ganas de encontrar un tesoro en este estreno. Tesoros que buscamos en cada nueva serie que aparece por el horizonte del mar seriéfilo.

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