Así fue Fifty-One de Breaking Bad. La cuenta atrás ha comenzado.

La cuenta atrás ha comenzado. Poco a poco vamos llegando al pico de la montaña rusa donde comenzará la poderosa caída, el acelerón, el subidón de adrenalina. El genial Vince Gilligan nos tiene acostumbrados a dosificar poco a poco, sin episodios de transición, para acelerar implacable y vertiginosamente a los protagonistas hacia un final de temporada trepidante, explosivo, dramático. Y como estamos con la última temporada de la brillante Breaking Bad lo que se vislumbra es lo que será, con toda probabilidad, un final legendario. Desmenucemos  el cuarto episodio de la quinta temporada titulado Fifty-One.

Heisenberg ya no se separa de su negro sombrero.

Heisenberg ya no se separa de su negro sombrero.

¡Alerta spoilers!

Cincuenta y uno no sólo es el cumpleaños de Walter. Cincuenta y uno se podría leer como muestra de que ya hay más porcentaje de Heisenberg que de Walter White en la persona del protagonista. Aunque para mí ya poco porcentaje del entrañable profesor de Química de la primera temporada queda vivo en el personaje interpretado por el genial Bryan Cranston. Si en el episodio anterior vimos que Walter White disfrutaba viendo Scarface, El Precio del Poder (1983), aparentemente ajeno a los paralelismos con su propia vida, ahora parece no haber visto en el cine la película Goodfellas – Uno de los nuestros (1990) donde miembros del hampa caen en desdicha precipitados por hacer un uso conspicuo de su vida ostentosa. Heisenberg entierra a Walt vendiendo el sufrido Aztek por $50, recogiendo el mítico sombrero negro que había quedado dentro y comprando (bueno… en realidad, como le explica Walt a Skyler, “con contrato de leasing“) un Chrysler 300 para él y un Dodge Challenger SR para su hijo Walter White, Jr. (yo me hubiera comparado un Mustang Shelby 2013 descapotable…) Ha esperado cuatro temporadas… pero quiero subrayar que sólo ha pasado un año desde que Walter White descubriera que padece cáncer de pulmón.

Dodge Challenger SR y Chrysler 300

Dodge Challenger SR y Chrysler 300

¡Sólo ha pasado un año! Recordemos que en el episodio piloto es el 50 cumpleaños de Walt. Y en el episodio que nos concierne Walter cumple 51. Con lo que nos queda justo un año para que Heisenberg compre un M-60 en su solitario 52 cumpleaños, como vimos en la première de esta temporada. Un año descrito en cuatro temporadas y tres capítulos… y otro año por ver en lo que nos queda de temporada. Walter va a vivir a tope, sin medias tintas. Las cosas se van a acelerar porque Walter ya no se quita el sombrero negro.

Walter se mira al espejo. Hello Mr Heisenberg!

Walter se mira al espejo. Hello Mr Heisenberg!

¿Qué era lo poco que quedaba de Walter? su familia. Ahí residía lo poco de decente, honrado y modélico padre que habitaba en él. Pero este remanente de Walter se difumina en este episodio. Si bien es cierto que la relación con su hijo Junior no puede ir mejor y que ahora pasa mucho tiempo con su hija pequeña Holly, pero finalmente Skyler le ha plantado cara. La familia era la razón por la que Walter White tomara el mal camino; la familia era el sustento, el pilar en el que su mundo se mantenía. Sin Skyler el castillo se desmorona, Walter se difumina… y Heisenberg toma pleno control.

Skyler se encara a Walter. Se siente acorralada: no puede ir a la policía, no puede ir a la DEA, no puede recurrir a su familia ni amigos. Sólo le queda enfrentarse al origen de su pesadilla: su propio marido. Es tremenda la aparente candidez de Walter respecto a la frialdad y alejamiento de su mujer. Ni siquiera parece alterarse ante la sugerencia de su esposa de alejar a Junior enviándole a un internado. Walter finalmente parece descender de la nube en la que (muy estúpidamente) se encontraba cuando, tras la sencilla fiesta de cumpleaños que le “prepara” Skyler a nuestro suspicaz amigo, la sufrida madre se sumerge en la piscina sin quitarse la ropa y con la aparente intención de no salir a la superficie. La escena es inquietante incluso con los pertinentes comentarios jocosos del cuñado Hank.

Skyler in the Sky with Methanfetamine

Skyler in the Sky with Methanfetamine

Aparentemente parece que la señora White ha perdido el Norte. Walter descubre, tras hablar con su cuñada Marie y luego con su mujer, que la escena de la piscina es un montaje para alejar a los niños de la casa, de Walter.  Ahora estoy convencido de que todo es parte de un plan elaborado que ya tiene Skyler en mente. No olvidemos que ella ya ha mostrado ser mujer de sobrada inteligencia. ¿Son teatro las lágrimas y las escenas ante Walter? Pienso que Skyler puede resultar más endiablada, sibilina y letal que el propio Walter. Una madre haría cualquier cosa por proteger a sus hijos. En el dormitorio, cuando finalmente se encara a Walter entre lágrimas y sollozos, mostrándose impotente y asqueada de la situación le dice:

«Lo único que puedo hacer es esperar (…) A que el cáncer vuelva.»

Esto debería ser suficiente para cualquier persona con dos dedos de frente. Que tu pareja con la que compartes tu vida te suelte esto en la cara es mucho más que un mazazo; es una estocada terminal, definitiva, es la línea que separa el punto de no retorno. Pero Walter se resiste a perder la esperanza de volver a tener a toda su familia feliz entorno a él. Es la lucha de lo poco que queda de Walter contra Heisenberg.

Por otro lado el perspicaz Hank también asciende. Su jefe le comunica que le reemplazará debido a que se traslada a El Paso, TX. Seguramente a Hank volver a oir el nombre “El Paso” le debe de producir un escalofrío profundo. Pero es su jefe, no él, el que se traslada a la ciudad frontera con México.

Lydia (Laura Fraser), Steven Gomez (Steven Michael Quezada) y Hank Schrader (Dean Norris)

Lydia (Laura Fraser), Steven Gomez (Steven Michael Quezada) y Hank Schrader (Dean Norris)

Hank sigue la investigación, lo que pone los pelos de punta a la ejecutiva al borde de un ataque de nervios Lydia. Siguiendo un plan trazado por Mike la directiva de Madrigal deja que la DEA arreste a otro “cabo suelto” de Gustavo Fring: un jefe de almacén de un depósito de Madrigal. Mike se encargará de tenerlo callado en la cárcel untándolo con dólares. Pero la tranquilidad con la que el ex policía de Filadelfia de orejas torcidas trata sus turbios asuntos contrasta con el nerviosismo de Lydia. La mujer colmará la paciencia de Mike cuando, tras descubrir un GPS aparentemente dejado por la DEA en uno de los barriles de metilamina de la abejita en un almacén donde trabaja Lydia, lo relacionará como el futil intento de desquite por parte de Lydia para que la dejen en paz. Encima de esto, Hank parece seguir sospechando de ella. Esta mujer parece nacida para dar problemas…

Jesse consigue, con la ayuda de un impasible Walter, detener a Mike en su arranque de eliminar a Lydia porque, como dice Heisenberg: “nada para este tren”. El personaje de Jesse está lejos del descerebrado adicto al cristal de las primeras temporadas; ahora no sólo parece más racional, maduro y tranquilo, sino que parece ser el único con corazón. Muy significativo es el momento en el que le regala a Walter el caro y mítico reloj de pulsera Tag Heuer Monaco. Como acabo de decir el reloj es muy significativo. Está ligado a las carreras y la velocidad al convertirse en todo un icono de los coches tras su aparición en la película Las 24 horas de Le Mans (1971); además, apareció en dicha película en la muñeca del legendario actor Steve McQueen, quien tristemente murió de cáncer de pulmón a la edad de 50 años…

Happy Birthaday Mr White!

Happy Birthaday Mr White!

Este reloj es la esperanza de Walter, como implicitamente le recuerda a su esposa Skyler al volver a casa. Es notable ver que Skyler ahora aparece despreocupada, tranquila y relajada, fumando como un carretero y usando como cenicero la taza de cumpleaños que le han regalado a Walter por su cumpleaños, taza donde se puede leer “DANGER ENTERING 51” (“PELIGRO ENTRANDO EN LOS 51”). Esto confirma mis sospechas de que ciertamente Skyler tiene un plan mucho más elaborado que simplemente esperar a que Walter fallezca de “muerte natural”. Walter, antes de ir a la cama solo, le enseña el reloj y le dice:

«¿Ves este reloj? Es un regalo de cumpleaños. La persona que me ha dado este regalo también me quería muerto. (…) Cambió su opinión sobre mí, Skyler, y tú también la cambiarás.»

La escena final es soberbia. Es una metáfora de la crónica de una muerte anunciada, con Walter mirando el reloj en la cama, con el tic-tac de las manecillas del reloj sonando in crescendo, para luego pasar a un plano detalle del segundero contando y llegando a cero mientras suenan cada vez más fuertes los segundos que pasan. La cuenta atrás ha comenzado.

Y aquí va un avance del quinto episodio del próximo domingo titulado Dead Freight:

Enlace permanente a este artículo: http://www.caraballo.es/2012/08/asi-fue-fifty-one-de-breaking-bad/

4 comentarios

Ir al formulario de comentarios

  1. cuenta…

  2. spoilertroll-in mode on…. genial!

  3. aupa hermano!

  4. me estoy reservandooooo…..lo bueno se hace esperar. yo lo hago esperar. todavía no he visto ni 1 capítulo de la última temporada.

Los comentarios han sido desactivados.